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Nuestra Iglesia es joven, y nace de la necesidad de tener un enfoque más Cristocéntrico. Todo ser viviente es un ente dinámico y por si, alguien que tiene que crece. Si un padre ve que su hijo no crece, se afligiría e iría donde el médico. Desafortunadamente, hemos visto Iglesias que no crecen, ni en cantidad, ni en calidad. Feligreses que durante 20 años han permanecido sentados en las mismas bancas de sus iglesias, porque las diferentes iglesias están enfrascadas haciendo sus organigramas jerárquicos y construyendo cargas pesadas a sus miembros dejando que aquellos a quienes tienen que nutrir, crezcan completamente desnutridos del verdadero conocimiento de la enseñanza del Evangelio. Y es que el Evangelio de Jesucristo, es vida y eso es precisamente lo que intentamos enseñar, a vivir el Evangelio y luego de vivirlo, a comenzarlo a enseñar a los demás. No queremos que nuestros miembros se aferren a ir domingo a domingo a estar sentados en la misma banca. Intentamos hacer lo que hizo Jesús, formar, para que estos luego puedan continuar formando a otros.

Nuestra Iglesia pues, pretende motivar a actuar. Aquel Jesús histórico que siempre se proyecta, es un Jesús que vive y que tiene que reproducirse en cada uno de nosotros. Conocer el Evangelio, no es hablar bonito del Evangelio, es sentirlo, vivirlo con alegría y proyectar a los demás, la imagen de Cristo Jesús. Para ello, contamos con la dirección del Espíritu Santo, que nos dirige junto con la Palabra de Dios. Además, contamos con la abundante riqueza espiritual de la Iglesia Católica Romana y de la Iglesia Anglicana, y de la tradición de las Iglesias Ortodoxas Orientales, portadoras de la de verdad.

En nuestra Iglesia, queremos formar órdenes religiosas de hombres y mujeres que se organicen para servir a la comunidad, no para servirse de ella para almacenar enormes fortunas. Órdenes religiosas que sean  bendición para las comunidades a las que sirven con amor y gratitud. Órdenes santas, proyectadas a la oración y a construir fortalezas espirituales entre sus comunidades. Ordenes que estén al cuidado de nuestros enfermos y de los que sufre. Queremos que nuestras órdenes religiosas sean bálsamo de Dios.

Sabemos que Dios está con nosotros porque podemos sentirlo en nuestros corazones. A Él la gloria por siempre.